Días 06 -07: Camberra (Australian University National)

En los sitios inesperados suelen ocurrir cosas inesperadas. No sé si es una ley exacta pero es algo que suele sucederme. No quieres ir a una fiesta y acabas conociendo a la persona de tu vida, no te apetece participar en un evento y resulta enriquecedor. Camberra no está en las rutas que la guía propone. Apenas le dedica un par de páginas muy someras, cuenta que es una ciudad construida a principios del XX para dirimir equitativamente la disputa sobre la capitalidad entre Sídney y Melbourne. Ni para ti ni para mí, a medio camino de ambas se encargó esta ciudad de unos 400.000 habitantes levantada en forma de círculos excéntricos alrededor de un inmenso lago artificial donde está el Parlamento, la Galería Nacional de Arte, el Memorial a los Caídos. A los pies de una de las colinas está el campus de la AUN. Rodeada de jardines, prados y zonas arbóreas la universidad inspira calma y ambiente de estudio. Me alojo en la residencia externa. Por fin Wifi, puedo conectarme con el mundo para saber que el mundo sigue conectado sin mí. Bien por el mundo.

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Gracias a la intervención de Acción Española, de la Embajada española y del Instituto Cervantes tengo la ocasión de departir durante algo más de una hora con estudiantes y profesores que han elegido por diversos motivos estudiar español. Aquí os dejo el enlace por si os apetece escucharla. La edición del video se la debemos a César Espada, diplomático de la embajada. A él le debo también la oportunidad de comer sopa de judías blancas con chorizo en el comedor del Art Museum, donde vamos a ver una exposición de arte aborigen que me interesa mucho. Las judías están buenísimas, por increíble que parezca, y la exposición es fascinante. Me interesa el modo en que los artistas relacionan la tierra y la humanidad, sus dioses y su religión sin leyes escritas, basada, como toda la historia de este pueblo en la tradición oral. Los círculos están presentes, los colores cuyos matices y tonalidades evocan el origen natural, la piedra, el fuego. Los estampados son coloridos y de un fuerte impacto visual. Recorro las salas y César me invita a descubrir un tesoro poco conocido, incluso por los habitantes de Camberra. En los jardines posteriores del edificio hay unas cuantas esculturas al aire libre. ¡Hay varias de Rodin! en medio del parque infantil, entre chicos que juegan en los columpios. Ni una pintada, ni un desperfecto. Ahí están, figuras humanas contrahechas como alquitrán solidificado que se eleva al cielo con sus enormes manos crispadas. Hay también una escultura viva de un bosque japonés que crea un túnel de niebla con cientos de aspersores, y un homenaje al genocidio en Indonesia con decenas de cabezas de bronce que emergen entre un cañaveral artificial simulando los muertos por la represión militar. Es inútil hacer fotografías, ninguna lograría plasmar la quietud dolorosa del monumento, su inmensa humanidad.

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César me ha hablado del padre Rosendo, un benedictino que en el siglo XIX llegó aquí y se convirtió en un defensor a ultranza de los niños aborígenes. Era un hombre avanzado a su tiempo, emprendedor, ecléctico, compositor, altruista, universal y humanista. Los gallegos le deben ver por sus fueros al eucalipto australiano. Es una historia que merece ser contada, y César ha estado trabajando en un documental en el que ha participado el otro Rosendo, el cantante. Voy siguiendo el rastro de la presencia española aquí y empieza a rondarme la idea de una futura novela. Tal vez algún día.

Por la noche, cenamos en un hotel construido con maderas de reciclaje, totalmente ecológico, sin aires acondicionados. Lo llaman arquitectura eficiente, y además es hermosa. Nos acoge el embajador de España y su encantadora esposa, que acaban de llegar de España y que traen encima el jet lag cuando yo ya empiezo a soltarlo. La cena es divertida, instructiva y transcurre rápido. Me entero de que cada vez hay más empresas españolas aquí, sobre todo en el ramo de la construcción de infraestructuras, y que esa marca España ya no es solo tópica sino que cada vez tiene más de realidad. A veces no nos queremos lo suficiente, está claro. No somos conscientes del valor que podemos aportar a los demás cuando nos alejamos de los clixés. Escucho hablar a los profesores que nos acompañan, departimos sobre la literatura que hoy se escribe en nuestro país, si transmite o no lo que somos. Hablamos de estilos, de libros que nos han gustado, de los que no. Sale a colación el asunto de las elecciones en España, y me cuentan cómo funciona aquí. No sé qué cualidades debe tener un diplomático, pero comprendo que debe ser una persona permeable, amante de lo nuevo, dispuesta a aprender y con dotes para la empatía. Manuel y Mayte lo garantizan, doy fe.

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Nos retiramos pronto. Hace frío y ha vuelto la lluvia. Mañana hay que coger un vuelo a Melbourne, pero antes la última sorpresa. Resulta que el gobierno australiano ha decidido actualizar los datos del censo y que tengo que registrarme, sea residente o no. Hay unos cuantos formularios que toca rellenar y que logro cumplimentar gracias a la ayuda de Lillit. Me da por pensar en la Galilea de Herodes y en los problemas que la burocracia conlleva en todos los tiempos.

Esta vez no hay problemas para tomar el vuelo de Virgin. Camberra es seguramente el aeropuerto más bonito de Australia y el más infra utilizado. Nadie diría que, artificialmente o no, es la capital de este gran país.

Mañana, más.

https://www.youtube.com/watch?v=v5GcTaeSGX8

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